La palabra maldita siempre regresa a su creador para vengarse haciéndose realidad. 

Era un muro de lamentos que, con el fin de liberarse de su estructura, tiraba siempre la primera piedra. 

Si bien existen innumerables maneras de morir, yo, simplemente, desearía sucumbir ahogada en tu piel derretida. 

Que cada uno es como Dios le hizo, y aun peor muchas veces.

Recogía la basura y limpiaba a diario, sin embargo, el hedor era una constante. Ningún anticéptico limpia las suciedades del alma. 

Te voy a escalar hasta el corazón. 

Cuando ya nada pido
y casi nada espero
y apenas puedo nada
es cuando más te quiero.

Decidimos ser cuando dejamos de existir. 

 

No es lo mismo decir “No me olvides” que decir “Recuérdame”.

Si el corazón es una bomba de tiempo, el cerebro contiene las esquirlas.